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Reseña
del disco :
Ya
de arranque el disco-amuleto encarga una pila de error que sale de los
parlantes como una larga fila de hormiguitas danzantes. La introducción
no tiene nombre al igual que el tema que despide estos veinte minutos.
La tapa... esa cara ultradeforme de material amoldable, enchastrado....
puaj... La música es esa deformidad, aunque un tanto menos orgánica:
Epiref, juga con los ritmos fabricados en base a viejos comentaris de
fábricas llenas de plomo y gases asfixiantes. Quizás el
intento por engendrar una criatura viviente llena de fluídos y
mocos sea ¨TV nieve¨, una manchada escalera de ritmos que nos
descienden y suben a ningún lado, más bien se arrastran
de forma horizontal, dejando baba verde como trazo inigualable en el camino.
Se cae constantemente y se vuelve a levantar. Se le parten los dientes
por apretarlos mientras carajea en un idioma extraño.
¿Hace falta grabar profesionalmente una buena idea? Para nada.
Estos ocho temas demuestran una explosión inigualable de talento
y creatividad que se enroscan con la visión particular de la música
en el estado ¨hayquehacerloqueaunolegustaylisto¨. Es el constante
movimiento (y porqué no, una gran utilización de los ritmos
como motor principal de un mecanismo de reloj que se anima a andar desajustado
todo el tiempo. Esas chatarras que con suerte todavía viven, esperando
el momento de autodestrucción) lo que envuelve a esta música
entre las ansiadas mantas de vitalidad y disfrute constante.
¨Ella tiene labio leporino¨ es una mini canción que emociona
(por si todavía no había soltado esa palabra), de un manera
tal que soy el niño que suelta el globo azorado después
del resplandor de haber alcanzado la alegría momentánea.
Una canción navideña (viva la época!) en una obra
que pasa entre los andenes de lo bizarro, lo pop, lo vanguardista, la
bandera de la baja fidelidad, la marcha de insectos alineados, lo gelatinoso
y lo tétrico. Una creación particular y [me encanta decir
esto:] .... argentina.
La música de Epiref es un robot dado vuelta, medio borracho, medio
ordinario, al que se le olvidó hace rato repartir la pizza y juega
en el medio de una montaña de basura como un cerdo en su chiquero.
Vuelve a ser niño después de tantos años de sometimiento,
aunque bien sabe él que ese momento de gozo puede costarle una
desconexión de por vida. [d.p.]
Del
webzine DeVelvet
- Nº
25
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